Trekking Amazonas – Perú
Perú — sábado, 12 de abril de 2008
Esta emocionante travesía surgió poco tiempo atrás, meses antes había conocido a una adorable viajera en el encuentro de esta página en Lima, desde ese entonces compatibilizamos a tal punto que al poco tiempo ya estábamos organizando nuestro primer viaje a la selva de Amazonas en Perú, un lugar mágico del que no se conoce mucho y que esconde tantos secretos, cuna de la cultura Chachapoyas, entre otras, territorio dominado después por los Incas y luego por los españoles, donde se encuentran las ruinas de Kuelap y las cataratas de Gocta, la tercera más alta del mundo y muchos atractivos más que se descubren día a día, un lugar cargado de misterio e inquietante belleza, que ofrece muchas opciones y se proyecta como uno de los nuevos polos turístico en Perú.
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Datos, costos y tiempos ($ = dólares)
Lima-Chiclayo (transportes Tepsa)
55 soles (18.5 $) / 12:00 Horas / Incluye merienda
Museo Tumbas reales del señor de Sipan Juan Pablo Vizcardo y Guzmán s/n, Lambayeque.
Costo entrada: 10 soles (Mar-Dom. 9-5 pm)
Restaurante El pacifico (Lambayeque)
Av. Huamachuco 970
Chiclayo-Chachapoyas (transporte Movil Tour)
45 soles (15 $) / 12:00 horas / Incluye merienda
Hostal el Dorado (Chachapoyas)
Jr. Ayacucho 1062, Telf. 041-477047
20 soles (6.67 $) H/P, B/P, N/D, N/I, N/C.
Entrada Ruinas de Kuelap 12 soles (4 $)
Entrada cataratas Gocta (Mun. Valera)
5 soles (1.67 $)
Entrada museo Leymebamba (Centro Mallqui)
5 soles (1.67 $)
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Primer y segundo día
Partimos de Lima rumbo a Chiclayo donde llegamos por la mañana, de inmediato fuimos en busca de los pasajes a Chachapoyas, había que asegurarlos, después de dejar las mochilas encargadas, enrumbamos hacía museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán , en el mismo Lambayeque, era la segunda vez que lo visitaba y no podía dejar pasar la oportunidad de mostrárselo a Camucha, creo que es uno de esos lugares que no dejan de sorprenderme. A la salida, con el apetito al acecho, nos escapamos hacia el restaurante El Pacífico, nos lo recomendaron mucho y está cerca al museo, donde comprobamos lo deliciosa que es la gastronomía norteña, por la tarde, ya con las barrigas llenas nos fuimos al puerto de Pimentel, acompañados por Enrique, un amigo viajero que conocimos por esta página. El puerto, aunque luce un tanto descuidado, conserva algunas huellas de lo que fue en sus buenas épocas. Esa noche salimos hacia Chachapoyas, en el Dpto. de Amazonas, en nada menos que los asientos delanteros (no quedaba otra) de un bus panorámico, con toda la ruta de penetración a la selva a nuestra vista, este emocionante recorrido incluía muchas curvas y precipicios, lluvia persistente, deslizamientos de barro y rocas, atolladeros y demás. Llegamos a la mañana siguiente con los nervios de punta, sin haber pegado un ojo en todo el viaje, directo al sobre, después de dos días de viaje.
Tercer dia - Kuelap
Utilizando Chachapoyas como centro de operaciones, salimos muy temprano hacia el lugar más promocionado al que iríamos, las ruinas de Kuelap. No habíamos encontrado mucha información ni fotografías del lugar, lo que aumentó nuestra expectativa,. Tomamos un bus, en la calle Grau, a 2 cuadras de la plaza mayor, con destino a Tingo (6 soles), tardó una hora en llegar al puente donde se inicia el sendero de ascenso. Caminamos a un ritmo suave disfrutando de un paisaje de selva alta tropical sobre los 3,300 msnm, conforme subimos empezamos a ver cultivos diversos en los cerros aledaños, de pronto comenzó a llover y nos topamos con el barro, en realidad la lluvia iba y venia, poniendo la cuota de aventura, la caminata se tornaba más dura conforme ascendíamos y se dejaban sentir los primeros estragos de la altura. En el camino nos cruzamos con un par de viajeros y un par de amables pobladores, quienes nos invitaron fruta para darnos fuerza en la caminata, el resto del camino no vimos a nadie. Después de 4 horas por fin pudimos divisar a lo lejos, en lo alto, extensa y ondulante muralla de piedras que bordea y protege la ciudadela-fortaleza. Arriba, una vez recuperado el aliento, pudimos darnos cuenta que lo que se veía pequeño desde abajo era una imponente muralla de varios metros de altura y de gran extensión, fuimos bordeándola por uno de sus lados para ver cuanto abarcaba y el entorno en que fue construida, era más impresionante de lo que imaginamos.
Luego, ingresamos por un altísimo y estrecho callejón que conforma la primera entrada, subimos por las escaleras instaladas para facilitar el ingreso y una vez arriba, encontramos los restos de decenas de las típicas casas circulares hechas en piedras y argamasa, son alrededor de 300, sólo una mantiene el techo de paja, al lado derecho hombres trabajando en parte de la reconstrucción, a la izquierda, continúan los restos escondidos por la selva, el sitio es fantástico porque esta belleza luce al natural y hay partes que permanecen intactas, a esa hora estábamos sólo 4 personas visitando semejante santuario.
Uno se queda admirado con la perfección de las construcciones, sus diseños, la ubicación de sus torres de vigilancia (para mantener el dominio), los dos niveles, en el de arriba se halla un cementerio pre inca. En fin, la magia que encierra este lugar en la cima de la montaña es indescriptible. Nos quedamos varios minutos fascinados disfrutando del paisaje que, por si eso fuera poco, estaba coronado por dos imponentes arco iris.
Al terminar la visita nos fuimos hacia el otro lado del valle, donde se encuentra una explanada llamada Malca. Ahí nos esperaba el taxi de regreso hacia Chachapoyas (20 soles p/p), fueron casi 4 horas por un camino terriblemente accidentado, cayó tanta lluvia que sumado a los huecos en el camino parecía que el auto se iba a desarmar, por suerte llegamos a salvo, a recuperar fuerzas para el día siguiente.
Cuarto día - Gocta
Salimos muy temprano a tomar un taxi colectivo hacia Pedro Ruíz (10 soles), a la hora llegamos a Valera o Cocahuayco que es la entrada también de San Pablo. Caminamos durante una hora hasta que pudimos divisar a lo lejos, muy pequeña, la caída, junto con otras más que abundan por la zona. El camino era tan agradable, rodeado de un lindo paisaje de sabana, recogíamos frutos en el camino que pelábamos y comíamos animados.
Dos horas más tarde, llegamos al poblado de Cocachimba, que habíamos visto desde lejos, ese es el lugar donde empieza realmente el camino a la parte baja de la Catarata. Seguimos el sendero y al poco tiempo llega el tramo de barro así que era momento de estrenar las botas de jebe recién compradas, venían las quebradas con preciosas caídas de agua incluidas, cruzamos un par de ríos medianamente caudalosos, mientras el calor aumentaba y la lluvia iba y venia, siempre rodeados de mucho bosque, que va poniéndose más denso conforme avanzamos. Luego llega un precipicio en la parte que bordea la montaña, vemos deslizamientos de tierra y piedras que han desprendido árboles inmensos de raíz y le ponen la cuota de emoción a la aventura, a lo lejos una bandada de loros nos acompaña, estamos rodeados por helechos gigantes, palmeras, fósiles de conchas marinas, lianas colgadas y una bruma mágica que nos atrapa.
Conforme nos acercamos se escucha el sonido parecido a la turbina de avión que produce tan altísima caída de 750 mts. el clima empieza a cambiar y se va poniendo cada vez más húmedo, hasta que por fin llegamos a la mismísima catarata, dos horas más tarde, era una ducha gigante que esparcía millones de gotitas que parecen flotar en el aire y nos empapan en un instante, el micro clima emociona y asusta al mismo tiempo, no sabemos que está pasando en la ruta, si está lloviendo será imposible cruzar los ríos de regreso, nos advirtieron que tuviéramos mucho cuidado con eso, pues los caudales aumentan muy rápido y traen rocas inmensas consigo. Que emoción estar bajo tan inmensa caída, es indescriptible el espectáculo que regala aquí la naturaleza, sin embargo inquieta saber que es un riesgo permanecer mucho tiempo, así que con demasiada tristeza decidimos emprender el regreso.
Ya en Cocachimba de visita en casa de los pobladores, nos contaron las historias que se tejen desde tiempos remotos y se encargaron de transmitir los abuelos, acerca de la catarata y que tal vez buscaban alejar a los niños de ahí. Por ejemplo una sobre un cántaro repleto de oro justo donde cae el agua y una sirena de pelo rubio que lo cuidaba, que es la madre de todos los peces del río, que encantaba a todos los que se atrevían a bañarse en ella.
Nota: Otra opción es ir al poblado de San pablo por donde se encuentra la ruta de acceso a la parte media de la catarata, nosotros no pudimos hacerla por falta de tiempo y elegimos la parte baja porque nos dijeron se aprecia mejor.
Quinto día - Caverna de Quiocta
Tomamos un taxi colectivo a Lamut a 2 cuadras de la plaza (8 soles), frente a la estación de bomberos, el viaje duró 1:30, llegamos a un pintoresco y acogedor pueblito con un cristo en las alturas que parece cuidar y observarlo todo. Era un domingo y muchos estaban en misa. Teníamos que esperar en la plaza mientras improvisábamos un desayuno con pan del lugar y jugo en caja, ahí debíamos encontrar a Don José Espinoza nuestro guía en esta visita. Una vez en el local de su pequeña agencia, nos mostró entusiasmado interminable literatura referente a la zona, artículos de revistas, fotos, descubrimientos y expediciones, de que orgulloso comenta participó. Era la persona mejor indicada y otro pequeño detalle, el único que tenía la llave para ingresar a la caverna, pues ahí nos enteramos que él fue quién la descubrió, así como otras 20 y por eso le puso una reja, porque estamos en Perú y no vale sorprenderse.
Tomamos un taxi que se tardó 30 minutos en llevarnos hasta el punto de ingreso, en lo alto del cerro, de ahí emprendimos una pequeña caminata de descenso entre cultivos y vacas pastando, rápidamente pudimos observar la entrada a la cueva, era una sensación extraña, no imaginábamos lo que había dentro, una pintura rupestre nos da la bienvenida, y la cabeza de un solado tallado en piedra vigila la entrada. Antes de ingresar, nuestro entusiasta guía realiza un breve ritual pidiendo a los espíritus permiso para ingresar, después nos contó que esta caverna fue usada para rituales y dentro existe un cementerio pre inca, no está demás seguirle la corriente.
Una ves dentro, alumbrados por su rudimentario pero potente reflector, pudimos distinguir lo inmensa que era, varios metros nos separan del techo y el ancho permiten el ingreso de un camión cuando menos. Seguimos cuidadosamente el sendero que nos indica el guía, atravesando las pozas formadas por el agua que discurre por todos lados, siguiendo un interminable zócalo perfectamente tallado en la pared de roca hecho por quienes usaron la caverna en tiempos remotos. Vemos cráneos colocados en pequeñas oquedades y hacia el otro lado, huesos humanos desenterrándose del barro fofo mientras empieza a escucharse el perturbador chirrido de los murciélagos que me erizan el cuello.
Más adelante encontramos un ducto de iluminación y ventilación en el techo labrado en la roca que va directo a la superficie, pero se encuentra tapado, luego empiezan las galerías, con techos muy altos perfectamente tallados en forma recta y circular, algunos adornados por estalagmitas de caprichosas formas que asemejan figuras con asombrosa perfección, es una impresionante sala de arte natural. Cada ambiente tiene algo en particular, llegamos hasta los 850 mts, y no pudimos seguir avanzando por seguridad, según nos explicó el guía, esto sigue mucho más allá y da hasta un pueblo, eso parecía leyenda, en todo caso, estábamos satisfechos por lo visto y era hora de regresar.
Ya afuera nos comentó todos los lugares que se pueden conocer tomando como punto de partida Lamud. Vale la pena dedicarle algunos días a este pueblito.
Sexto día - Lago de los cóndores
A 3 cuadras de la plaza tomamos un bus hacia Leymebamba (10 soles) tardamos 3 horas en llegar a este lindo y apacible pueblito que mantiene sus calles típicas y sus pequeños balcones de colores, su plaza, que parece detenida en el tiempo, luce en una esquina la iglesia construida en piedra que completa en entorno rústico del lugar.
De inmediato fuimos a buscar información para ir al Lago de los Cóndores, acudimos primero a la oficina del gobierno local, donde nos atendió una funcionaria sospechosamente desinformada, digo esto porque nos llevó directo a un hotel en la plaza principal, donde nos recibió un interesado sujeto que nos quiso vender un paquete todo incluido por un valor mayor al del camino Inca a Macchu Picchu, la cuenta incluía hasta la comida para los caballos, además nos advirtió que debíamos pagar a un encargado de INC de la zona, pero que no tenía oficina, así que tocaba buscarlo en su casa, todo esto sonaba a demasiado cuento caro, así que decidimos buscar otro hotel e información por nuestra cuenta para preparar la partida al día siguiente. Esa misma noche, preguntamos a la gente del pueblo si el camino estaba señalizado y las horas que tomaba llegar hasta allá, contábamos con equipo y experiencia en trekking anteriores, incluidos caminos incas, confiados en esto, nos aventuramos a intentarlo por nuestra cuenta, si había que pagar por algo lo haríamos en el camino.
Partimos la mañana siguiente por la pista que conduce a Cajamarca, después de dos horas llegamos al museo de Leymebamba, en la casa Mallqui, entramos y la verdad que valió la pena, encontramos mapas detallados de la zona, maquetas, fotos, piezas talladas, quipus, instrumentos y las momias sacadas de la zona del lago, hay mucha información valiosa aquí que describe el entorno y medio en que se desarrollo la cultura Chachapoyas.
Continuamos la marcha hasta encontrar el cartel de ingreso al camino a la laguna colocado por el INC, iniciamos el recorrido a unos 2,200 msnm, siguiendo el sendero y el rastro dejado por los caballos, caminamos entre montañas verdes y valles de ensueño, bajamos quebradas, cruzamos ríos, mientras que la ruta empezaba a ponerse difícil, el barro trababa el ascenso ya que este camino es transitado principalmente a caballo, las lluvias intensas de la zona hacen que el lodo se acumule tanto en algunas zonas que al pisar con las botas hay un efecto de succión que dificulta sacar el pie para dar el siguiente paso, sumado al calor intenso se torna extremadamente agotador.
Luego de 7 horas de exigida caminata llegamos a una explanada llamada la vaquería, es una zona pantanosa donde abunda el ichu y nos cayo la noche, alumbrados por una pequeña linterna buscábamos la ruta y el rastro de los equinos, pero esta vez no se distinguía por el suelo mojado, así que tuvimos que caminar sin rumbo para buscar un lugar donde acampar, al rato un muchacho pastor apareció de la nada, había visto la luz de la linterna a lo lejos y venía a auxiliarnos, nos guió hasta su cabaña no tan cerca de ahí y nos permitió acampar a un lado, luego pasamos a tomar mate con el resto de su familia, en realidad tuvimos mucha suerte, porque pudimos no haber encontrado un lugar donde acampar y en esos casos es mejor detener la marcha.
Al día siguiente partimos temprano hacia el punto más alto de la ruta llamado La fila (3,800 msnm) una zona de selva muy alta que por momentos se cubre de niebla, pensábamos que pasando este punto veríamos por fin el lago, que ilusos, iban ya 11 horas de camino y nada, del otro lado solo se veía monte y más monte, en ese momento ya empezaba a preocuparme, no quedaba casi comida y había que buscar agua, en dos días no habíamos visto a nadie transitando, cruzábamos montañas como si se trataran de parques, la única dirección era hacia el fondo, seguir la ruta nomás, estábamos completamente solos en la selva a nuestra suerte, con lluvia que iba y venia, nos sacábamos y poníamos los impermeables en un segundo, preocupados, muertos de calor y bastante cansados, los bichos y el barro nos estaban volviendo locos, después de 10 horas más de camino, a las 6 pm. del segundo día, por fin distinguimos una cabaña a lo lejos, era la casa de nada menos el dueño de estos territorios, recuerdo haber pasado un par de puertas en el camino, eran suyas, el camino pasaba por el medio de su casa.
Una vez que llegamos nos ofrecieron hospedaje y comida, y nos indicaron como llegar hasta el lago. Todavía ni lo veíamos. Había que subir unos 200 metros más. Casi de inmediato, antes de que cayera la noche por fin fuimos a verlo, la niebla que lo cubría se desplazó lentamente como si corriera el telón para nosotros, lucía un inquietante color negro, aguas calmas y estaba rodeado de fiero bosque, hacia el frente, la imponente pared de roca complementa el ambiente de misterio de tan alejado paraje y puede ser la respuesta de porque eligieron este lugar para ocultar a sus momias. Ese día en la noche nos enteraríamos que éramos de los pocos viajeros que habíamos hecho la ruta a pie, y mi querida Camucha, la primera mujer en hacerlo.
Al día siguiente, bastante cansados por tremenda hazaña partimos de regreso, esta vez ya conocíamos la ruta y el camino era principalmente de bajada por eso tardamos 13 horas, previa parada de emergencia por una hemorragia nasal poco antes de llegar a pueblo. Esta ruta fue una de las experiencias más extremas que he vivido, sólo recomendable para personas con cierta preparación y en compañía de un guía local. Buena suerte viajeros, nos vemos en la ruta! Rafa Lima-Perú
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Datos, costos y tiempos ($ = dólares)
Lima-Chiclayo (transportes Tepsa)
55 soles (18.5 $) / 12:00 Horas / Incluye merienda
Museo Tumbas reales del señor de Sipan Juan Pablo Vizcardo y Guzmán s/n, Lambayeque.
Costo entrada: 10 soles (Mar-Dom. 9-5 pm)
Restaurante El pacifico (Lambayeque)
Av. Huamachuco 970
Chiclayo-Chachapoyas (transporte Movil Tour)
45 soles (15 $) / 12:00 horas / Incluye merienda
Hostal el Dorado (Chachapoyas)
Jr. Ayacucho 1062, Telf. 041-477047
20 soles (6.67 $) H/P, B/P, N/D, N/I, N/C.
Entrada Ruinas de Kuelap 12 soles (4 $)
Entrada cataratas Gocta (Mun. Valera)
5 soles (1.67 $)
Entrada museo Leymebamba (Centro Mallqui)
5 soles (1.67 $)
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Primer y segundo día
Partimos de Lima rumbo a Chiclayo donde llegamos por la mañana, de inmediato fuimos en busca de los pasajes a Chachapoyas, había que asegurarlos, después de dejar las mochilas encargadas, enrumbamos hacía museo de las Tumbas Reales del Señor de Sipán , en el mismo Lambayeque, era la segunda vez que lo visitaba y no podía dejar pasar la oportunidad de mostrárselo a Camucha, creo que es uno de esos lugares que no dejan de sorprenderme. A la salida, con el apetito al acecho, nos escapamos hacia el restaurante El Pacífico, nos lo recomendaron mucho y está cerca al museo, donde comprobamos lo deliciosa que es la gastronomía norteña, por la tarde, ya con las barrigas llenas nos fuimos al puerto de Pimentel, acompañados por Enrique, un amigo viajero que conocimos por esta página. El puerto, aunque luce un tanto descuidado, conserva algunas huellas de lo que fue en sus buenas épocas. Esa noche salimos hacia Chachapoyas, en el Dpto. de Amazonas, en nada menos que los asientos delanteros (no quedaba otra) de un bus panorámico, con toda la ruta de penetración a la selva a nuestra vista, este emocionante recorrido incluía muchas curvas y precipicios, lluvia persistente, deslizamientos de barro y rocas, atolladeros y demás. Llegamos a la mañana siguiente con los nervios de punta, sin haber pegado un ojo en todo el viaje, directo al sobre, después de dos días de viaje.
Tercer dia - Kuelap
Utilizando Chachapoyas como centro de operaciones, salimos muy temprano hacia el lugar más promocionado al que iríamos, las ruinas de Kuelap. No habíamos encontrado mucha información ni fotografías del lugar, lo que aumentó nuestra expectativa,. Tomamos un bus, en la calle Grau, a 2 cuadras de la plaza mayor, con destino a Tingo (6 soles), tardó una hora en llegar al puente donde se inicia el sendero de ascenso. Caminamos a un ritmo suave disfrutando de un paisaje de selva alta tropical sobre los 3,300 msnm, conforme subimos empezamos a ver cultivos diversos en los cerros aledaños, de pronto comenzó a llover y nos topamos con el barro, en realidad la lluvia iba y venia, poniendo la cuota de aventura, la caminata se tornaba más dura conforme ascendíamos y se dejaban sentir los primeros estragos de la altura. En el camino nos cruzamos con un par de viajeros y un par de amables pobladores, quienes nos invitaron fruta para darnos fuerza en la caminata, el resto del camino no vimos a nadie. Después de 4 horas por fin pudimos divisar a lo lejos, en lo alto, extensa y ondulante muralla de piedras que bordea y protege la ciudadela-fortaleza. Arriba, una vez recuperado el aliento, pudimos darnos cuenta que lo que se veía pequeño desde abajo era una imponente muralla de varios metros de altura y de gran extensión, fuimos bordeándola por uno de sus lados para ver cuanto abarcaba y el entorno en que fue construida, era más impresionante de lo que imaginamos.
Luego, ingresamos por un altísimo y estrecho callejón que conforma la primera entrada, subimos por las escaleras instaladas para facilitar el ingreso y una vez arriba, encontramos los restos de decenas de las típicas casas circulares hechas en piedras y argamasa, son alrededor de 300, sólo una mantiene el techo de paja, al lado derecho hombres trabajando en parte de la reconstrucción, a la izquierda, continúan los restos escondidos por la selva, el sitio es fantástico porque esta belleza luce al natural y hay partes que permanecen intactas, a esa hora estábamos sólo 4 personas visitando semejante santuario.
Uno se queda admirado con la perfección de las construcciones, sus diseños, la ubicación de sus torres de vigilancia (para mantener el dominio), los dos niveles, en el de arriba se halla un cementerio pre inca. En fin, la magia que encierra este lugar en la cima de la montaña es indescriptible. Nos quedamos varios minutos fascinados disfrutando del paisaje que, por si eso fuera poco, estaba coronado por dos imponentes arco iris.
Al terminar la visita nos fuimos hacia el otro lado del valle, donde se encuentra una explanada llamada Malca. Ahí nos esperaba el taxi de regreso hacia Chachapoyas (20 soles p/p), fueron casi 4 horas por un camino terriblemente accidentado, cayó tanta lluvia que sumado a los huecos en el camino parecía que el auto se iba a desarmar, por suerte llegamos a salvo, a recuperar fuerzas para el día siguiente.
Cuarto día - Gocta
Salimos muy temprano a tomar un taxi colectivo hacia Pedro Ruíz (10 soles), a la hora llegamos a Valera o Cocahuayco que es la entrada también de San Pablo. Caminamos durante una hora hasta que pudimos divisar a lo lejos, muy pequeña, la caída, junto con otras más que abundan por la zona. El camino era tan agradable, rodeado de un lindo paisaje de sabana, recogíamos frutos en el camino que pelábamos y comíamos animados.
Dos horas más tarde, llegamos al poblado de Cocachimba, que habíamos visto desde lejos, ese es el lugar donde empieza realmente el camino a la parte baja de la Catarata. Seguimos el sendero y al poco tiempo llega el tramo de barro así que era momento de estrenar las botas de jebe recién compradas, venían las quebradas con preciosas caídas de agua incluidas, cruzamos un par de ríos medianamente caudalosos, mientras el calor aumentaba y la lluvia iba y venia, siempre rodeados de mucho bosque, que va poniéndose más denso conforme avanzamos. Luego llega un precipicio en la parte que bordea la montaña, vemos deslizamientos de tierra y piedras que han desprendido árboles inmensos de raíz y le ponen la cuota de emoción a la aventura, a lo lejos una bandada de loros nos acompaña, estamos rodeados por helechos gigantes, palmeras, fósiles de conchas marinas, lianas colgadas y una bruma mágica que nos atrapa.
Conforme nos acercamos se escucha el sonido parecido a la turbina de avión que produce tan altísima caída de 750 mts. el clima empieza a cambiar y se va poniendo cada vez más húmedo, hasta que por fin llegamos a la mismísima catarata, dos horas más tarde, era una ducha gigante que esparcía millones de gotitas que parecen flotar en el aire y nos empapan en un instante, el micro clima emociona y asusta al mismo tiempo, no sabemos que está pasando en la ruta, si está lloviendo será imposible cruzar los ríos de regreso, nos advirtieron que tuviéramos mucho cuidado con eso, pues los caudales aumentan muy rápido y traen rocas inmensas consigo. Que emoción estar bajo tan inmensa caída, es indescriptible el espectáculo que regala aquí la naturaleza, sin embargo inquieta saber que es un riesgo permanecer mucho tiempo, así que con demasiada tristeza decidimos emprender el regreso.
Ya en Cocachimba de visita en casa de los pobladores, nos contaron las historias que se tejen desde tiempos remotos y se encargaron de transmitir los abuelos, acerca de la catarata y que tal vez buscaban alejar a los niños de ahí. Por ejemplo una sobre un cántaro repleto de oro justo donde cae el agua y una sirena de pelo rubio que lo cuidaba, que es la madre de todos los peces del río, que encantaba a todos los que se atrevían a bañarse en ella.
Nota: Otra opción es ir al poblado de San pablo por donde se encuentra la ruta de acceso a la parte media de la catarata, nosotros no pudimos hacerla por falta de tiempo y elegimos la parte baja porque nos dijeron se aprecia mejor.
Quinto día - Caverna de Quiocta
Tomamos un taxi colectivo a Lamut a 2 cuadras de la plaza (8 soles), frente a la estación de bomberos, el viaje duró 1:30, llegamos a un pintoresco y acogedor pueblito con un cristo en las alturas que parece cuidar y observarlo todo. Era un domingo y muchos estaban en misa. Teníamos que esperar en la plaza mientras improvisábamos un desayuno con pan del lugar y jugo en caja, ahí debíamos encontrar a Don José Espinoza nuestro guía en esta visita. Una vez en el local de su pequeña agencia, nos mostró entusiasmado interminable literatura referente a la zona, artículos de revistas, fotos, descubrimientos y expediciones, de que orgulloso comenta participó. Era la persona mejor indicada y otro pequeño detalle, el único que tenía la llave para ingresar a la caverna, pues ahí nos enteramos que él fue quién la descubrió, así como otras 20 y por eso le puso una reja, porque estamos en Perú y no vale sorprenderse.
Tomamos un taxi que se tardó 30 minutos en llevarnos hasta el punto de ingreso, en lo alto del cerro, de ahí emprendimos una pequeña caminata de descenso entre cultivos y vacas pastando, rápidamente pudimos observar la entrada a la cueva, era una sensación extraña, no imaginábamos lo que había dentro, una pintura rupestre nos da la bienvenida, y la cabeza de un solado tallado en piedra vigila la entrada. Antes de ingresar, nuestro entusiasta guía realiza un breve ritual pidiendo a los espíritus permiso para ingresar, después nos contó que esta caverna fue usada para rituales y dentro existe un cementerio pre inca, no está demás seguirle la corriente.
Una ves dentro, alumbrados por su rudimentario pero potente reflector, pudimos distinguir lo inmensa que era, varios metros nos separan del techo y el ancho permiten el ingreso de un camión cuando menos. Seguimos cuidadosamente el sendero que nos indica el guía, atravesando las pozas formadas por el agua que discurre por todos lados, siguiendo un interminable zócalo perfectamente tallado en la pared de roca hecho por quienes usaron la caverna en tiempos remotos. Vemos cráneos colocados en pequeñas oquedades y hacia el otro lado, huesos humanos desenterrándose del barro fofo mientras empieza a escucharse el perturbador chirrido de los murciélagos que me erizan el cuello.
Más adelante encontramos un ducto de iluminación y ventilación en el techo labrado en la roca que va directo a la superficie, pero se encuentra tapado, luego empiezan las galerías, con techos muy altos perfectamente tallados en forma recta y circular, algunos adornados por estalagmitas de caprichosas formas que asemejan figuras con asombrosa perfección, es una impresionante sala de arte natural. Cada ambiente tiene algo en particular, llegamos hasta los 850 mts, y no pudimos seguir avanzando por seguridad, según nos explicó el guía, esto sigue mucho más allá y da hasta un pueblo, eso parecía leyenda, en todo caso, estábamos satisfechos por lo visto y era hora de regresar.
Ya afuera nos comentó todos los lugares que se pueden conocer tomando como punto de partida Lamud. Vale la pena dedicarle algunos días a este pueblito.
Sexto día - Lago de los cóndores
A 3 cuadras de la plaza tomamos un bus hacia Leymebamba (10 soles) tardamos 3 horas en llegar a este lindo y apacible pueblito que mantiene sus calles típicas y sus pequeños balcones de colores, su plaza, que parece detenida en el tiempo, luce en una esquina la iglesia construida en piedra que completa en entorno rústico del lugar.
De inmediato fuimos a buscar información para ir al Lago de los Cóndores, acudimos primero a la oficina del gobierno local, donde nos atendió una funcionaria sospechosamente desinformada, digo esto porque nos llevó directo a un hotel en la plaza principal, donde nos recibió un interesado sujeto que nos quiso vender un paquete todo incluido por un valor mayor al del camino Inca a Macchu Picchu, la cuenta incluía hasta la comida para los caballos, además nos advirtió que debíamos pagar a un encargado de INC de la zona, pero que no tenía oficina, así que tocaba buscarlo en su casa, todo esto sonaba a demasiado cuento caro, así que decidimos buscar otro hotel e información por nuestra cuenta para preparar la partida al día siguiente. Esa misma noche, preguntamos a la gente del pueblo si el camino estaba señalizado y las horas que tomaba llegar hasta allá, contábamos con equipo y experiencia en trekking anteriores, incluidos caminos incas, confiados en esto, nos aventuramos a intentarlo por nuestra cuenta, si había que pagar por algo lo haríamos en el camino.
Partimos la mañana siguiente por la pista que conduce a Cajamarca, después de dos horas llegamos al museo de Leymebamba, en la casa Mallqui, entramos y la verdad que valió la pena, encontramos mapas detallados de la zona, maquetas, fotos, piezas talladas, quipus, instrumentos y las momias sacadas de la zona del lago, hay mucha información valiosa aquí que describe el entorno y medio en que se desarrollo la cultura Chachapoyas.
Continuamos la marcha hasta encontrar el cartel de ingreso al camino a la laguna colocado por el INC, iniciamos el recorrido a unos 2,200 msnm, siguiendo el sendero y el rastro dejado por los caballos, caminamos entre montañas verdes y valles de ensueño, bajamos quebradas, cruzamos ríos, mientras que la ruta empezaba a ponerse difícil, el barro trababa el ascenso ya que este camino es transitado principalmente a caballo, las lluvias intensas de la zona hacen que el lodo se acumule tanto en algunas zonas que al pisar con las botas hay un efecto de succión que dificulta sacar el pie para dar el siguiente paso, sumado al calor intenso se torna extremadamente agotador.
Luego de 7 horas de exigida caminata llegamos a una explanada llamada la vaquería, es una zona pantanosa donde abunda el ichu y nos cayo la noche, alumbrados por una pequeña linterna buscábamos la ruta y el rastro de los equinos, pero esta vez no se distinguía por el suelo mojado, así que tuvimos que caminar sin rumbo para buscar un lugar donde acampar, al rato un muchacho pastor apareció de la nada, había visto la luz de la linterna a lo lejos y venía a auxiliarnos, nos guió hasta su cabaña no tan cerca de ahí y nos permitió acampar a un lado, luego pasamos a tomar mate con el resto de su familia, en realidad tuvimos mucha suerte, porque pudimos no haber encontrado un lugar donde acampar y en esos casos es mejor detener la marcha.
Al día siguiente partimos temprano hacia el punto más alto de la ruta llamado La fila (3,800 msnm) una zona de selva muy alta que por momentos se cubre de niebla, pensábamos que pasando este punto veríamos por fin el lago, que ilusos, iban ya 11 horas de camino y nada, del otro lado solo se veía monte y más monte, en ese momento ya empezaba a preocuparme, no quedaba casi comida y había que buscar agua, en dos días no habíamos visto a nadie transitando, cruzábamos montañas como si se trataran de parques, la única dirección era hacia el fondo, seguir la ruta nomás, estábamos completamente solos en la selva a nuestra suerte, con lluvia que iba y venia, nos sacábamos y poníamos los impermeables en un segundo, preocupados, muertos de calor y bastante cansados, los bichos y el barro nos estaban volviendo locos, después de 10 horas más de camino, a las 6 pm. del segundo día, por fin distinguimos una cabaña a lo lejos, era la casa de nada menos el dueño de estos territorios, recuerdo haber pasado un par de puertas en el camino, eran suyas, el camino pasaba por el medio de su casa.
Una vez que llegamos nos ofrecieron hospedaje y comida, y nos indicaron como llegar hasta el lago. Todavía ni lo veíamos. Había que subir unos 200 metros más. Casi de inmediato, antes de que cayera la noche por fin fuimos a verlo, la niebla que lo cubría se desplazó lentamente como si corriera el telón para nosotros, lucía un inquietante color negro, aguas calmas y estaba rodeado de fiero bosque, hacia el frente, la imponente pared de roca complementa el ambiente de misterio de tan alejado paraje y puede ser la respuesta de porque eligieron este lugar para ocultar a sus momias. Ese día en la noche nos enteraríamos que éramos de los pocos viajeros que habíamos hecho la ruta a pie, y mi querida Camucha, la primera mujer en hacerlo.
Al día siguiente, bastante cansados por tremenda hazaña partimos de regreso, esta vez ya conocíamos la ruta y el camino era principalmente de bajada por eso tardamos 13 horas, previa parada de emergencia por una hemorragia nasal poco antes de llegar a pueblo. Esta ruta fue una de las experiencias más extremas que he vivido, sólo recomendable para personas con cierta preparación y en compañía de un guía local. Buena suerte viajeros, nos vemos en la ruta! Rafa Lima-Perú